sábado, febrero 11, 2006

New life.

New Life

Eran las 7 de la tarde, yo sabía que iba a pasar esta noche. Hace un tiempo ya que las señales se iban dando y estaba seguro de que lo haría. Realmente no tenía idea de que hacer. Él me había pedido que no haga nada y que me quede al margen. Leí en su diario que lo iba a hacer a las 8. Me quedaba solo una hora y aún me encontraba indeciso, miles de recuerdos pasaban por mi mente. Recordé en especial una anécdota de cuando chico me robaron mi bicicleta por la cual había ahorrado mucho tiempo. Sin pensar en nada él se hizo de un palo y fue en busca de ella, recibió muchos golpes pero finalmente la recuperó. Tenía que decidirme que hacer, pero mi mente disturbada no sabía que era lo correcto. ¿Que le diría a mis padres? Mi madre lloraría mucho tiempo, todos sabíamos que él era el preferido, creo que por eso me protegía tanto. Mi padre, la verdad no sé, el siempre fue muy duro. Ya eran alrededor de las 7:30. Estaba muy nervioso, la tensión recorría mi cuerpo. Cada minuto era más largo que el otro, pero igualmente me quedaba muy poco tiempo.
Seguí tratando de decidirme. Recordé muchos otros momentos vividos. Tenía tan solo 5 años cuando se me dió por jugar al obrero. Rompí todos los trofeos de golf de mi viejo, quien era un gran jugador, y no sabía que hacer. Cuando descubrió lo sucedido empezó a gritar muy fuerte, quería saber quien había sido. Al darse cuenta de la situación él se quiso cubrirme y fue a hacerse cargo con mi viejo. Mi papá no lo dudo ni siquiera dos segundos y empezó a pegarle. El solo recibía los golpes y me miraba mientras me decía en voz baja que me aleje, no quería que vea semejante espectáculo. ¿Por qué en este momento decisivo me vinieron todos estos recuerdos? Ya no entendía nada, no sabía que hacer. Se hicieron las 7:50 tenía que hacer algo. Finalmente decidí buscarlo. Salí corriendo de mi departamento que no era tan grande y se encontraba en un octavo piso. Llamé al ascensor y este no vino, alguien dejó la puerta mal cerrada. Corrí desmesuradamente por las escaleras sin pensar en mi bienestar. Tratando torpemente de abrir la puerta del edificio se me cayeron las llaves en una especie de desagüe, la suerte no estaba de mi lado. Sin pensarlo dos veces atravesé la puerta de vidrio. Me corté los brazos pero eso no me importó. Una vez en la calle, corrí al lugar donde pensé que iba a hacerlo. Era una pequeña casa abandonada donde él pasaba su tiempo cuando estaba deprimido, algo común últimamente. Solía decirme que estaba todo bien pero yo sabía que no era así. Llegué a la puerta y me frené frente a ella. Dudé en entrar pero al final me decidí. Abrí la puerta y ahí lo vi. Estaba mi hermano, ahorcado, mostrando en su rostro un dejo de felicidad.

“It's the saddest thing seeing someone you love looking for death” – Il Carlo