viernes, enero 13, 2006

Viejas historias I: Un amor en Literal

Ahora para su deleite, una vieja historía contada por un corazón roto como el mío.

Un Amor en Literal

Todo transcurrió en un pueblito llamado “Literal” donde bueno, todos eran muy literales en lo que decían. Uno no podía referirse al viejo dicho de “Perdido como turco en la neblina” si no es que realmente había un turco perdido en la neblina. En este pueblo carecía de poetas puesto que confundían a los habitantes con sus rimas “sin sentido” para ellos. Por ejemplo citando a Borges, “Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan.” Ellos pensarían que Borges quiere ser arrastrado por unos glaciares y perderse. Cuando se puso de moda usar “Che” muchos jóvenes cambiaron su nombre a Che Martín, Che Javier, Che Susana, etc. Nunca faltando quien cambio su nombre a Che Boludo.
Este lugar se encontraba cerca de unas montañas y un gran lago cortaba a la mitad el pueblo. El paisaje estaba formado por una gran cantidad de abedules pero había uno en especial, era el árbol más grande de todo el pueblo. Este se encontraba en medio de la ciudad, según los ancianos fue plantado por un grupo de magos y sacerdotes de tiempos pasados para proteger el lugar. Claro que los jóvenes de hoy ya no creen en estas historias y se encuentran metidos en su vida, en las hormonas, sus celulares y claro, las chicas del pueblo. Dejando todo lo que representa sus raíces atrás.
Esta historia refiere a una chica llamada Che Mariela De La Casa Verde, hija única de una familia pequeña y no muy conocida. Era una escritora frustrada (realmente no sabia que era la frustración, tan solo tenía 21 años y ya creía sabérselas todas) la cual nunca pudo escribir mas de dos hojas, ni siquiera para un simple trabajo escolar allá por la secundaria. Fue una chica que siempre fracaso en todo, conllevaba un mal karma heredado por sus padres. Ellos se llamaban Vladimiro y Martina (tal como su hija), él era un carpintero que solía engañar a su esposa con una jovencita que trabajaba con él y ella una simple ama de casa que nunca completo sus estudios. Se conocieron accidentalmente en un cine por una confusión con los asientos pero las malas lenguas dicen que él ya la conocía y había preparado el encuentro de antemano. Aún habiendo escuchado esto, Martina, como toda romántica, prefería creer en la historia de que el destino los presentó.
Volviendo a nuestra protagonista y su pequeña pero trascendente historia de amor. Todo empezó una tarde después de una serie de problemas y rechazos en trabajos. Ella se puso a mirar hacia el Gran Lago cuando ya cansada de la vida decidió no hacer nada con ella. Literalmente no hizo nada y estuvo días y días parada sin mover un solo pelo. Por alguna extraña razón no sufrió hambre ni sueño, capaz el árbol realmente tenia poderes y la protegía. Muchos pensaron que era una estatua viviente y le tiraron monedas, pero ella no hacia ninguna gracia. Unos cuantos desilusionados recogieron su dinero y se fueron ofendidos nunca faltando algún intrépido que la insulto por esto.
Un día como cualquier otro pasó un joven muy buen mozo por ahí, su nombre era Hernán Morpolotikis. Se le acercó e instantáneamente se enamoro de ella como si hubiera sido hechizado. Él era de descendencia Griega, y su familia una de las mas importantes en Literal. Se podría decir que era el mejor partido en todo el pueblo, tenia unos 20 y tantos años, muy inteligente, como ya dije, buen mozo y tenía una muy buena posición socio-económica. Todos las tardes la iba a ver, le susurraba paroles de amor, le llevaba flores y le contaba su día. Arto de no recibir respuesta, el joven tuvo la osadez de besarla ya sabiendo que ella no haría nada manteniendo su postura. En ese momento ella tuvo una sensación que nunca antes había recorrido su cuerpo, era el amor. Estaba por decirle algo cuando recordó su decisión de no hacer nada y ni siquiera pestañeó.
Los amigos de Hernán le insistían en que la dejase dado que no le hablaría nunca pero el seguía yendo. Con el tiempo él dejo de ir a verla (esto no quiere decir que no la seguía amando, en realidad cada vez la amaba más pero sabía que debía seguir con su vida). Ella lo extrañaba pero no podía llorar, tenía que conservarse sin hacer nada.
Pasaron los años y ella siguió allí hasta que un día vio a alguien conocido, era Hernán. Estaba besando a otra mujer mientras llevaba a unos niños. Él la miró y siguió como si nada. Una lágrima recorrió los ojos de Mariela pero ella permaneció firme. Esa noche Dios se compadeció de ella y la dejo morir pero a su vez inmortalizando su imagen bella y llena de tristeza. Su cuerpo se trasformo en piedra y sus lágrimas en pequeños diamantes. Esa noche hizo tanto frío que el Lago se congeló y todas las hojas del Gran Árbol se cayeron de la angustia. Mariela murió sin nunca poder decirle “te amo” por una estupida decisión. A los pies de la (ahora si) estatua había una placa que decía lo siguiente:
“Malos son quienes dicen te amo y no lo sienten, aun peores son quienes si aman pero nunca dicen nada”.
En Literal nunca nadie supo quien había puesto esa estatua ni de quien era, salvo Hernán que recordando su primer amor la visitó hasta su último día.

4 Comments:

  • hola pase porque dijiste q por tu blog no pasa ni el loro, bueno nada más, me dio un poco de pena, pero ya vas a estar mejor, bueno pensa que te quiero mucho y nada, no leí lo q escribiste porq es muy largo , solamente te queria mandar un mensaje de aliento.

    By Anonymous Anónimo, at 1/13/2006 4:26 p.m.  

  • muy lindo.

    manu mala onda...

    By Blogger Napo Con Fritas, at 1/13/2006 7:29 p.m.  

  • mememe!!! q buen cuentoooo
    sigo insistiendo q deberias dedicarte a esto...
    y bueno, nada..
    te sigo extrañando...
    pero mañana nos vemos :)
    te kiero demasiado
    cuidate y segui escribiendo cosas espectaculares como esta
    jeje
    adioz




    L u C h I x !

    By Anonymous Anónimo, at 1/13/2006 11:45 p.m.  

  • es hermosa esta historia

    By Anonymous Anónimo, at 1/14/2006 9:16 p.m.  

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